Kioto y el turismo masivo

Recorrer la ciudad sin arruinar la experiencia

Geishas caminando por la calle, barrios enteros que conservan la arquitectura tradicional de Japón y algunos de los templos más famosos del país, Kioto lo tiene todo. Pero también es, probablemente, el lugar donde más se siente el turismo masivo dentro de Japón.

A diferencia de ciudades como Tokio, donde los puntos de interés están más distribuidos, en Kioto gran parte de las atracciones se concentran en zonas específicas, haciendo que la cantidad de visitantes se note mucho más. A eso se suma que las calles son estrechas y no están preparadas para el turismo masivo. Además de que pocas ciudades generan tantas expectativas en redes sociales. La foto perfecta, el spot imperdible, el momento soñado.

La ciudad recompensa mucho más cuando se la recorre con cierta intención que cuando se la visita siguiendo un itinerario armado a partir de lo que circula online. Y esa intención empieza, sobre todo, por el horario.

La mayoría de los tours y grupos turísticos comienzan a moverse con fuerza a partir de las 10 de la mañana, así que llegar a ciertas atracciones cerca de las 8 ya puede hacer una enorme diferencia. Lugares como Fushimi Inari, Arashiyama o las calles de Higashiyama se viven de una forma totalmente distinta antes de que lleguen los grupos grandes. Lo que a media mañana puede sentirse como una fila constante de personas sacando fotos, temprano todavía conserva algo de la calma que hizo famosos a esos lugares en primer lugar.

Si preferís evitar las mañanas, recorrer ciertos barrios cuando cae la noche también cambia la experiencia. Después de las seis o siete de la tarde muchas excursiones ya terminaron y algunas zonas recuperan cierta tranquilidad. Calles como Gion o Ninenzaka toman otro carácter bajo la luz tenue de los faroles. La postal no será la misma que de día, pero muchas veces resulta más atmosférica.

Al horario se le puede sumar otra variable: cómo moverse. Moverse en bicicleta cambia la forma de recorrer Kioto. Hay opciones de alquiler por toda la ciudad, incluyendo eléctricas, y las ciclovías están bien conectadas. Pero más allá de la practicidad, el formato te permite salir un poco del circuito clásico y conectar zonas que muchas veces quedan fuera del itinerario tradicional. En una misma tarde podés pasar de un templo concurrido a un barrio residencial silencioso o a un pequeño santuario donde prácticamente no hay nadie.

También es una manera de disfrutar la estética de Kioto sin necesidad de entrar en cada atracción. Muchas veces, la experiencia más interesante no está dentro de un templo lleno de gente sino en el camino hacia él.

Los lugares que acumulan más fotos en redes no siempre son los que justifican el tiempo que consumen. Hay templos menos conocidos, jardines pequeños, cafeterías tradicionales, mercados y barrios residenciales que pueden resultar más disfrutables que algunos de los grandes imperdibles, simplemente porque permiten una experiencia más pausada.

Porque si algo tiene esta ciudad, es que su magia rara vez aparece en el momento más esperado. Muchas veces está en doblar una esquina cualquiera, entrar a una calle vacía o descubrir un rincón que no estaba en el plan.